Vibraciones destructivas: El desafío del volante bimasa y el embrague en los motores térmicos modernos

25/06/2026 Alejandro Ordoñez

Una de las intervenciones mecánicas más temidas y complejas en el mantenimiento de motores diésel de alto torque y gasolina turboalimentados es la sustitución del kit de embrague y el volante bimasa (DMF).

Una de las intervenciones mecánicas más temidas y complejas en el mantenimiento de motores diésel de alto torque y gasolina turboalimentados es la sustitución del kit de embrague y el volante bimasa (DMF). Cuando un vehículo de estas características llega al taller con vibraciones severas al ralentí o dificultades para engranar marchas, el mecánico de línea pesada debe prepararse para una operación quirúrgica que exige metrología y utillaje de alta precisión.

La función oculta del Volante Bimasa

Para entender la dificultad de esta reparación, primero hay que comprender la pieza. En los motores antiguos, el volante de inercia era un bloque sólido de acero. Hoy en día, los motores generan explosiones de combustión tan violentas que, si esa fuerza pasara directamente a la caja de cambios, los engranajes se harían pedazos.

El volante bimasa consta de dos masas metálicas separadas por un complejo sistema de muelles de arco y engranajes planetarios bañados en grasa. Su función es absorber las vibraciones torsionales del cigüeñal. Con el paso de los kilómetros y los hábitos de conducción (como circular a muy bajas revoluciones), estos muelles ceden y el mecanismo colapsa.

La metrología aplicada a la transmisión

Sustituir estas piezas no es simplemente quitar tornillos y poner los nuevos. El mecánico especialista evalúa el desgaste con herramientas de medición antes de ensamblar:
Juego libre y ángulo de incidencia: Utilizando herramientas de bloqueo y comparadores de carátula, el técnico mide cuántos grados de oscilación tiene el volante viejo. Si excede los parámetros del fabricante (a menudo medido en dientes de la corona dentada), el fallo es estructural.
Inspección del cigüeñal: Antes de instalar el componente nuevo, el mecánico debe inspeccionar el retén trasero del cigüeñal. Un retén con microfugas empapará el nuevo embrague en aceite de motor, arruinando una reparación que cuesta miles de euros.

El peligro del montaje sin herramientas especiales

La razón por la que los técnicos cualificados son imprescindibles radica en el proceso de instalación de los embragues autoajustables (SAC - Self Adjusting Clutch).
La herramienta de pre-tensión: Un embrague SAC compensa automáticamente el desgaste del disco. Si el mecánico intenta apretar la maza de embrague directamente contra el volante apretando los tornillos en estrella (como se hacía hace 20 años), deformará la carcasa y activará el anillo de ajuste de forma prematura. El resultado será un pedal de embrague durísimo y marchas que rascan desde el primer kilómetro. El técnico experto utiliza un útil compresor específico de tres brazos para asentar el embrague de forma paralela y sin tensión antes de apretar un solo tornillo.
Prohibición de herramientas de impacto: Apretar los tornillos del volante bimasa con una pistola de impacto neumática daña instantáneamente los muelles internos. Un mecánico certificado solo utiliza una llave dinamométrica y un goniómetro para aplicar el par de apriete exacto y los grados de apriete angular estipulados en el manual del taller.
Esta reparación diferencia rápidamente a un taller profesional de uno aficionado. La precisión mecánica en el ensamblaje de la transmisión es innegociable para garantizar la suavidad de marcha que el conductor espera.

Ver más